En un momento en el que todas aquellas manifestaciones que se producen en el espacio público llaman de nuevo nuestra atención, surge para la juventud del grafiti el claro reflejo de las problemáticas de nuestra sociedad o tratar de quitar esa imagen lúgubre a una ciudad dándole un sentido más artístico, vistiendo una ciudad de arte, cultura y colores expresando de una manera clara, colorida los anhelos, pensamientos de jóvenes que hacen hablar y expresar las venas de concreto a esta Bogotá de espejos y muros que no paran de hablarme.
En las grandes ciudades del mundo, podemos ver como la mal llamada cultura popular, minorías que se expresan atreves de los grafitis, estos a su vez nos hacen evidente que la comunicación no es simplemente se entiende y se practica con el habla, es un talento innato en el cuerpo, de hacho el cerebro humano entiende por imágenes, es por esto que cada vez que escuchamos una palabra de inmediato nos hacemos una imagen de esta. Para mí la comunicación es corporal, sin palabra se hace sentir de una forma más real.
Bogotá, una ciudad en la que nacen en promedio 14 niños cada hora, mueren 3 personas cada hora y llegan cada hora 2 personas más de las que se van. Esto significa que cada cinco minutos somos más, en la que las minorías son la mayor número de habitantes y tenemos evidencias notorias de desempleo, corrupción, en la que muchos jóvenes se dividen en sub culturas y sienten represión sobre un sistema que oculta su necesidad pero los somete al escarnio público ante sus malos actos, en una constante búsqueda por tener una calidad de vida y un gobierno que solo tiene recursos para guerras tontas. Podríamos decir que, ¿la juventud realmente cree y siente el arte del grafiti?
Expresiones claras en las calles de desigualdad, de rechazo absoluto, para muchos hasta vandalismo, pero que simplemente expresa puntos de vista diferentes pero bajo un mismo rasgo y une dos armas fundamentales, la creatividad y un aerosol, así de una u otra manera los pinceles siguen teniendo una vocería anónima, hay estamos los jóvenes reflejando la verdad con un acto tan pacifico como artístico en esta ciudad de espejos sin voces.
Lastimosamente hoy en día muchos jóvenes se enfrentan con grandes y diversas formas de vida que los medios de comunicación y la globalización atropellan, pero realmente escogemos y sentimos una cultura, una moda o un arte, realmente sentimos y vivimos lo que a diario vemos. Por esto amo esta ciudad de espejos, donde las calles cuentan historias y los muros gritan lo que muchos no pueden por miedo, amo caminar y ver como los ojos de la gente se volcán ante la admiración y hasta desaprobación de estos muros que estéticamente se ven mucho mejor y no contaminan como tanto cartel pegado en las paredes.
Los jóvenes sentimos la moda que escogemos y tenemos las ideologías claras al momento de vivirlo, como un skin head británico, la sangre la cultura y las ideologías , reales, no solamente vivimos lo superficial, Así pues veamos el grafiti como una cultura comunicativa, que siente y late con carne propia.

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